Mi cuerpo se acostumbró a vivir en tristeza
Mi cuerpo se acostumbró a vivir en tristeza.
Durante muchos años pensé que la tristeza simplemente era parte de mí. Había días en los que podía funcionar, trabajar, cuidar de mis hijos y seguir adelante… pero por dentro cargaba una sensación que no sabía cómo explicar.
Hubo una etapa de mi vida en la que viví una relación en la que no me sentía escogida.
Mi pareja no llegaba. Me dejaba esperando para comer. Yo esperaba una llamada, una explicación, una señal de que yo era importante para él.
Y después descubrí que había otra mujer.
A partir de ese momento, algo dentro de mí cambió.
Dejé de sentirme segura.
Cada vez que no llegaba, mi cuerpo esperaba lo peor. Cada silencio se sentía como rechazo. Cada espera despertaba una sensación que iba mucho más allá de ese momento.
Hoy puedo verlo con más claridad: esa relación estaba tocando directamente mi herida de abandono.
Pero en aquel momento yo no lo sabía.
Solo sabía que me dolía.
Y mi cuerpo aprendió a vivir esperando el dolor.
Con el tiempo entendí algo que cambió mi manera de verme:
El sentimiento es real.
Lo que sientes es real.
Pero sentir algo no significa necesariamente que ese sentimiento pertenezca completamente al momento que estás viviendo.
Mi mente y mi cuerpo habían aprendido a reaccionar de una determinada manera. Habían vivido tanto tiempo en alerta, esperando ser abandonados, rechazados o decepcionados, que incluso cuando no estaba ocurriendo nada grave, mi sistema podía reaccionar como si estuviera nuevamente en peligro.
Y entonces sucedió algo que antes no habría imaginado.
Una mañana me levanté feliz.
Tenía eventos planeados. Estaba emocionada. Estaba preparando la fiesta de mi hija y tenía muchas cosas por hacer.
Estaba determinada.
Y de repente…
llegó la tristeza.
Sin avisar.
Sin pedir permiso.
Me dieron ganas de llorar.
Por un momento pensé: “¿Por qué estoy triste si estoy bien?”
Pero esta vez no luché contra ella.
La reconocí.
La nombré.
Y entendí que mi cuerpo estaba recordando algo que durante mucho tiempo había conocido demasiado bien.
La tristeza había sido un lugar conocido para mí.
Durante años me consumía durante meses.
Después aprendí a atravesarla durante algunos días.
Con el tiempo fueron momentos.
Y hoy puedo sentirla llegar sin permitir que se convierta en mi casa.
Eso es parte de mi proceso de aprender a identificar lo que siento, entender qué está activando mi cuerpo y regular mi sistema nervioso.
No significa que nunca volveré a sentir tristeza.
Significa que ya no necesito perderme dentro de ella.
Estoy aprendiendo a decir:
“Esto es tristeza.”
“Esto es miedo.”
“Esto es abandono.”
“Esto es una herida que se activó.”
Y después preguntarme:
¿Esto está sucediendo ahora o mi cuerpo está recordando lo que sucedió antes?
Esa pregunta puede cambiar mucho.
Porque sanar no significa convencerte de que no pasó.
No significa decirte “ya supéralo”.
Significa aprender a acompañarte cuando algo dentro de ti se activa.
Yo viví muchos años sintiéndome triste y pensando que había algo malo en mí.
Hoy entiendo que mi cuerpo estaba intentando protegerme con las herramientas que había aprendido.
Y poco a poco estoy enseñándole algo diferente:
Ahora estoy aquí.Ahora puedo escucharme.Ahora puedo cuidarme.Ahora puedo sentir sin quedarme atrapada en lo que siento.
Si tú también has vivido una relación en la que constantemente sentías que no eras escogida, que tenías que esperar, perseguir, demostrar tu valor o vivir con miedo a perder a la persona que amabas, quiero que sepas algo:
Tal vez no estás “exagerando”.
Tal vez hay una parte de ti que necesita ser escuchada.
Y puedes empezar por algo muy sencillo:
Identificar.Nombrar.Regular.Y aprender a responder desde el presente, no solamente desde la herida.
Yo estoy recorriendo ese camino también.
Y desde mi propia experiencia quiero acompañar a otras mujeres que están intentando entender lo que sienten y recuperar esa sensación de seguridad dentro de ellas mismas.
Si esta historia resonó contigo, mándame un mensaje.
Cuéntame qué estás sintiendo.
Conectemos.
Quizás no necesitas que alguien te diga que dejes de sentir.
Quizás necesitas aprender a escuchar lo que tu cuerpo está tratando de decirte.
Y yo quiero compartir contigo las herramientas que a mí me han ayudado a comenzar ese proceso.
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